domingo, 4 de enero de 2009

Un tipo encantador.

Un tipo encantador.

Eso era lo que he estado buscando en el Carrefour hace escasamente unas horas. “Un tipo encantador “es la última novela de Marian Keyes, mi escritora favorita. Pero resulta que el tipo encantador, que hace tres días costaba veinte euros que no tenía en el bolsillo, hoy ha desparecido, dejando compuesto y sin novio al billetito que encontré ayer de casualidad en un viejo bolso y que pensaba gastar hoy. Agotado, ponía en el cartel. Fuhhh!

No puedo dejar de preguntarme si aquello era una especie de “premonición”. ¿Se han agotado los tipos buenos? Puede que sí, que estemos condenadas a elegir entre pasar el resto de nuestra vida como “singles” condenándonos a morir solas y ser devoradas a posteriori por un pastor alemán o, por el contrario (y no necesariamente mejor), a salir con egocéntricos, megalómanos, fóbicos al compromiso o, peor aún, metrosexuales.

Para intentar quitarme de la cabeza la visión de mis tripas entre los dientes de un pastor alemán, me he dirigido hacia la sección de electrodomésticos para babear un rato delante de las cafeteras. Son tan bonitas... y tan caras...

Y entonces, lo he visto. Era él. No, no era un tipo encantador, ni el hombre de mi vida, ni el futuro padre de mis ocho hijos ni nada de eso. Era el ex de Raquel, una compañera del instituto. Me ha mirado, lo he mirado y nos hemos quedado parados sin saber muy bien qué decir.

-Bonita cafetera ¿eh? –dijo el rompiendo por fin el incómodo silencio.
-Sí. Y te regalan unas tazas rojas si la compras antes del viernes -¿Qué otra cosa podía decir? Ya sé que somos adultos y tenemos veintidós años pero nunca aprenderé a hablar con los “ex”, sean los ex de quien sea. No te enseñan esas cosas en la universidad.
-Veo que sigues siendo adicta al café ¿Te animaste al final a ir a las reuniones de cafeinómanos anónimos?
-Que va. Me hice paseadora de perros.
-¿Sí?
-Larga historia. Comencé por pasear el perro de la vecina y ahora saco a los de toda la urbanización.
-Esto… -se para. Momento incómodo. Sus ojos comienzan a brillar. Dios, va a habar de su ex. SOS. SOS- ¿Qué ha sido de Raquel? –pronuncia al fin.
-Pues la verdad es que no sé mucho. Se fue a Francia hace dos años y no volvió –él pone una cara demasiado triste y melancólica que se torna en angustia pura y dura. Le empieza a caer una lágrima- ¡Pero tranquilo, que no está muerta! –me apresuro a añadir- ¡Es solo que encontró novio allí y se casó! –sí, definitivamente lo he empeorado, pienso.
-Aún sigo preguntándome por qué me dejó –dice mientras se seca una lágrima que intenta perderse entre los pelos de la barba.
-No le des vueltas. Además, ya han pasado dos tres años desde que cortasteis –Podría haberle dicho la verdad, que Raquel lo había dejado porque no era lo suficientemente alto. “Jamás renunciaré a mis tacones por un hombre”, recuerdo que me dijo mi compañera de instituto. “Y ya le he dado cuatro años para que crezca y no hay forma. No sabes cómo sufro cuando vamos de paseo y veo que su tupé queda a ocho centímetros bajo mi nariz. ¿Sabes lo que eso significa? ¡Que cuando esté calvo estaré condenada a verle la calva en todo momento! ¡Y yo no estoy dispuesta a tener que aguantar la visión panorámica de una bola de billar durante el resto de mi vida! ¡Y no exagero, es más, ya tiene entradas!”
-El caso es que yo siempre he pensado que siempre fui un hombre capaz de estar a la altura de las circunstancias –me explica él. Me muerdo los carrillos para no echarme a reír. Sé que es cruel. Pero el comentario resulta más que oportuno para crear una situación cómica.

Al final le sonó el móvil y se fue a buscar a un compañero de trabajo que se había perdido en la sección de lencería de mujer. Por lo visto el otro quería regalarle a su novia algo con Piolines (Que dios los pille confesaos, pensé. Dos hombres hurgando entre los tangas de encaje y los sostenes de raso no pueden ser considerados más que pervertidos sexuales y, por tanto, las masas de marujas que se pelean en esa misma sección por las bragas con descuento se encuentran con todo el derecho del mundo a apalearlos por desvergonzados y “ninfómanos”).

Como los veinte euros me ardían en el bolsillo pidiendo que los dejara en libertad, me he dirigido a uno de esos kiosquillos que hay en la periferia de los centros comerciales y me he comprado la primera entrega de la biblioteca de Anne Rice. El primer volumen de la saga de Las brujas de Mayfair (3´95 euros). No tiene del todo mala pinta. Por lo visto, si compro las tres primeras entregas me regalaran un set extrañísimo para matar vampiros. Tiene una especie de hacha, un punzón y otro artilugio con ranuras por todas partes. Ah, no, perdón, es un set de cuchillos para cortar queso (Tal vez los vampiros, o las brujas, sean alérgicos al queso, quien sabe). También conseguiría una tabla de madera y una bandeja para la degustación de queso.

Lo que sí me ha hecho gracia es que entré al Carrefour intentando encontrar a un tipo encantador y al final acabé entre historias de brujas. Aunque me gustaría que creer que tal vez el ser hombre o mujer no va asociado a un determinado tipo de maldad, que puede que no seamos ni ángeles ni demonios, ni blancos ni negros. Tan solo gente que escribe las páginas de su vida como buenamente puede.


Extraído de “Las mil y una historias de Alexa”. (En teoría es una novela en la que estoy trabajando, pero aún es demasiado pequeña como para llamarla novela. Digamos que es, un proyecto).

1 comentario:

  1. Bueno, por donde empezar... me gustaría dejar un comentario como Dios manda. Sí, de esos que después de ser leído no deja un sabor indiferente, o que con el tiempo sigue conservando todo su significado y su sentido. Y es que comentar no es nada sencillo, por mucho que así lo parezca. No basta con decir esta bien o mal... no, y eso es algo que muy bien apreciamos los que nos dedicamos a escribir (o al menos lo intentamos). Por ese motivo te puedo decir que tras leer este fragmento he terminado con una extraña sonrisa de satisfacción en el rostro, una sonrisa de las de... "lastima que no haya una segunda página" porque me gusta mucho ese estilo tan personal que das a tu escritura. Es como navegar en tu mente, donde nos abres un interior rico y cargado de matices para contarnos tus inquietudes en un fino tono de ironía muy pegadizo y agradable. Quizás solo sea un proyecto, pero si le dedicas horas y esfuerzo puedes convertirlo en algo muy interesante. Y bueno... qué más puedo decir... lo interesante de un buen comentario es que sea intenso y breve, cosa que yo no estoy consiguiendo, pero que le vamos a hacer... al final resultaré ser más "pedante" de lo que me imaginaba. Solo insistir en que ya tienes un estilo (algo muy importante), perfilalo un poquito y conviértelo en un arma con el que rasgar la línea que separa la creación de la realidad, la de las letras... (uhhhh que retórico eso xD) Sigue ilustrándonos con tu literaria perspectiva, auténtica escritora. :)

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